El caso Frida Baby: cuando el humor en marketing cruza la línea

El caso Frida Baby: cuando el humor en marketing cruza la línea

Una marca que lo tenía todo a favor

Frida Baby se hizo un hueco importante en el mercado de productos para bebés en Estados Unidos desde su lanzamiento en 2014. Su producto estrella, el NoseFrida, un aspirador nasal para bebés, se convirtió en un básico en las listas de nacimiento de medio país. La marca crecía con fuerza: presencia en más de 40.000 puntos de venta, productos distribuidos en más de 50 países y una cuota de mercado superior al 70 % en su categoría principal.

Parte de su éxito se debía a un tono de comunicación fresco y directo, alejado del lenguaje edulcorado típico de las marcas de bebés. Hablaban de mocos, de noches sin dormir y de los aspectos menos glamurosos de la maternidad con humor y sin filtros. Hasta ahí, todo bien. El problema llegó cuando ese humor dejó de ser ingenioso y empezó a ser cuestionable.

El estallido en redes sociales

En febrero de 2026, varias publicaciones antiguas de la cuenta de Instagram de Frida Baby empezaron a circular de nuevo por redes sociales. Lo que se encontraron los usuarios fue un patrón de dobles sentidos sexuales aplicados directamente a productos diseñados para recién nacidos.

Un ejemplo que se hizo especialmente viral fue la promoción de un termómetro rectal para bebés acompañada de un comentario que hacía referencia a un trío sexual. Otros envases y publicaciones incluían frases como «How about a quickie?» en la caja de un termómetro, «I get turned on easily» en las instrucciones de un humidificador o «I’m a power sucker» en el packaging de un aspirador nasal.

Una publicación en X acumuló más de cuatro millones de visualizaciones en pocas horas. Los foros de padres se llenaron de mensajes pidiendo boicots. Se creó una petición en Change.org dirigida a la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos exigiendo que la marca rindiera cuentas. Y muchos padres comenzaron a eliminar productos Frida de sus listas de nacimiento y a devolver artículos ya comprados.

Una respuesta que empeoró las cosas

Lo que hizo Frida Baby tras el estallido no ayudó precisamente a calmar los ánimos. En lugar de emitir un comunicado rápido y claro, la marca empezó a borrar publicaciones antiguas de su Instagram sin dar explicaciones. También eliminó la página de su equipo directivo de la web corporativa, lo que generó todavía más desconfianza.

Cuando finalmente respondieron, lo hicieron con un comunicado en el que defendían el uso del humor para hablar de «las partes reales, crudas y caóticas de la paternidad». También aclararon que su tono estaba dirigido a los adultos, no a los bebés, y que los productos siempre habían sido seguros y de calidad.

Sin embargo, para muchos padres la explicación llegó tarde y sonó a excusa. A finales de febrero, la marca anunció que retiraría ciertos «activos heredados» y que ajustaría su tono para «estar a la altura del momento». Pero el daño a su reputación ya estaba hecho.

Qué lecciones deja este caso

El caso Frida Baby es un ejemplo perfecto de cómo una buena estrategia de marca puede descarrilar por no saber dónde está el límite. Hay varias lecciones que cualquier negocio o profesional del marketing puede extraer de lo que ocurrió.

La primera es que el contexto lo es todo. Un chiste que puede funcionar entre amigos no tiene por qué funcionar como mensaje de marca dirigido a millones de personas, y mucho menos cuando el producto está asociado a bebés recién nacidos. Lo que para unos es humor desenfadado, para otros puede resultar profundamente inapropiado.

La segunda es que las redes sociales tienen memoria. El contenido que publicas hoy puede resurgir dentro de cinco años y generar una crisis que no viste venir. Auditar periódicamente lo que hay publicado en tus perfiles no es un lujo, es una necesidad.

Y la tercera tiene que ver con la gestión de crisis. Borrar contenido a escondidas, eliminar páginas de tu web y tardar días en dar la cara es la receta perfecta para que la desconfianza se multiplique. Cuando una marca comete un error, lo mejor es reconocerlo rápido, con transparencia y con un plan de acción claro.

El humor vende, pero con cabeza

Nadie dice que las marcas no puedan usar el humor en su comunicación. De hecho, es una de las herramientas más potentes para conectar con la audiencia. Pero el humor tiene que estar alineado con los valores de la marca, con el público al que se dirige y con el tipo de producto que se está vendiendo. Cuando se pierde esa coherencia, el resultado puede ser justo el contrario al que se buscaba: en lugar de acercar, aleja. Y en la era de las redes sociales, una crisis de reputación puede escalar en cuestión de horas.

El caso Frida Baby es un recordatorio de que construir una marca fuerte lleva años, pero dañarla puede llevar un solo post viral.

¿Tu marca comunica como debería?

Si sientes que la comunicación de tu negocio en redes sociales no está del todo afinada, o si no tienes claro qué tono y qué tipo de contenido encajan con tu marca, puedo echarte una mano. Trabajo con negocios y marcas ayudándoles a construir una presencia en redes coherente, profesional y que conecte con su público. Si es lo que necesitas, escríbeme por WhatsApp y lo hablamos sin compromiso.

Compartir en: